Lo que dejas en una persona

Basado en el mensaje predicado por Eliud Morales

Quiero empezar este blog distinto.

Si lees mis cartas pastorales con frecuencia, sabes que casi siempre firmo como Pastor Eliud Morales. Es mi nombre, mi rol, mi responsabilidad institucional. Y eso no cambia. Pero hoy te quiero hablar como Pastor Sammy. Sigue siendo el pastor que conoces. Solo que esta vez te hablo con la cercanía del nombre que te pedí que usaras conmigo — porque lo que tengo para decirte no nace solo del púlpito ni del cargo. Nace de algo más viejo y más profundo — de un padre espiritual que también ha sido formado por otros padres espirituales antes que él.

Lo que pasó después...

El último domingo de mayo cerramos la serie Aprendices de Jesús. Y el sermón terminó con cuatro herramientas concretas y un llamado: identifica una persona, escribe su nombre, no esperes a estar listo, busca un compañero de camino, e inscríbete en La Vida Profunda. Si estuviste ahí, recordarás el momento de silencio. Le pedimos al Espíritu Santo que pusiera un nombre y una cara en el corazón de cada persona. Una sola persona. Con nombre y apellido. A quien tú vas a acompañar en su formación.

Quiero hablarte hoy desde lo que pasó después.

Esta semana ha sido densa. Quizás has estado pensando y escribiendo el nombre que te llegó a la mente, compartiendo con otros aún con miedo, con humildad, con preguntas. Preguntas como: ¿y si fracaso? ¿Y si no sé cómo? ¿Y si esa persona se va de la iglesia, o me decepciona, o lo hago mal?

 Eso es exactamente lo que yo sentí la primera vez que alguien me pidió que lo acompañara en su formación. Yo no me sentía listo. No me sentía preparado. Hice cosas mal. Aprendí en el camino.
Y aquí está lo que descubrí — y lo que el sermón intentó comunicar pero a veces se pierde en la urgencia del llamado:

El envío mismo es parte de la formación.

Nosotros operamos con una mentalidad lineal. Primero te formas, luego te envían. Mientras no llegues al nivel X de madurez, sigues siendo solo receptor. Pero Jesús envió a los 72 cuando eran aprendices en proceso. No porque fueran perfectos. Sino porque el proceso de ser enviado los iba a formar de maneras que ningún curso podría hacer.

La formación que no se da en el templo

Hay cosas del corazón de Dios que solo vas a entender cuando alguien llore frente a ti contándote algo que no puedes arreglar. Y la única respuesta posible es decir: aquí estoy. Lloremos juntos. Caminemos juntos. Hay cosas de la misericordia que solo vas a sentir profundamente cuando estés en ese lugar. Hay cosas de la fe que solo vas a procesar cuando alguien en quien estás invirtiendo te decepcione — y tengas que decidir si te retiras o si perseveras en oración por esa persona.

Esa formación no se da en el templo. No se da en los cursos. No se da en el discipulado formal. No es que esas cosas no sean importantes — es que son apenas la mitad de la formación. La otra mitad ocurre cuando soltamos hacia afuera lo que recibimos.
Por eso La Vida Profunda no es solo un curso. Es el espacio donde la cadena de 2 Timoteo 2:2 se activa de manera estructurada y sostenida. Es la activación del Cuarto de Huéspedes — el espacio donde el aprendiz, después de haber sido formado en los espacios anteriores, abre las puertas para recibir a alguien más. La mayoría de las iglesias operan solamente en los primeros cuartos. Aquí queremos abrir todos.

El Módulo 1 — Sumergidos en el Ritmo de Jesús — empieza el miércoles 17 de junio a las 7 PM en Theopolis. Son cinco sesiones. Es el primer paso. Las inscripciones están abiertas en el App Iglesia Theopolis.
Te quiero pedir tres cosas antes de cerrar:

Primero: si el Espíritu Santo te puso un nombre en el corazón el domingo — escríbelo hoy. En tu Biblia, en una nota del teléfono, donde sea. Si no lo has escrito, sigue siendo intención. Cuando lo escribes, se convierte en compromiso.

Segundo: si todavía no tienes el nombre — no fuerces. Pídele al Espíritu en silencio. Él lo va a poner. Y mientras lo recibes, inscríbete en La Vida Profunda. Quizás ese nombre te llegue en el camino.

Tercero: si esto te asusta — bien. Esa es exactamente la señal correcta. El miedo es la prueba de que estás haciendo algo que requiere depender del Espíritu Santo y no de tus fuerzas. Sigue.
La cadena lleva 2,000 años activándose, eslabón por eslabón. Llegó a ti porque alguien antes que tú decidió no ser un eslabón terminal.

Ahora te toca a tí.

Que se haga en Mayagüez como en el cielo.


Apuntemos a Jesús, juntos.
Pastor Sammy
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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo. 
 

Eliud Morales