Quién hizo toda la obra

Basado en el mensaje predicado por Juan Cordero
El Domingo de Pentecostés me volví a sentar en la primera fila.
Es mi sitio cuando predica otro hermano del equipo, y ese día le tocaba a Juanco. Lo escuché abrir Hechos 2 con esa mezcla suya de profundidad y cercanía — hablando del GPS espiritual, sacándonos una sonrisa, y al mismo tiempo llevándonos a un lugar serio. Y mientras lo escuchaba, me di cuenta de algo sobre toda la serie que no había visto con claridad hasta ese momento.
Durante todo mayo estuvimos hablando de formación.
Es mi sitio cuando predica otro hermano del equipo, y ese día le tocaba a Juanco. Lo escuché abrir Hechos 2 con esa mezcla suya de profundidad y cercanía — hablando del GPS espiritual, sacándonos una sonrisa, y al mismo tiempo llevándonos a un lugar serio. Y mientras lo escuchaba, me di cuenta de algo sobre toda la serie que no había visto con claridad hasta ese momento.
Durante todo mayo estuvimos hablando de formación.

Una respuesta sencilla.. pero profunda
Egui abrió preguntándonos si éramos admiradores o aprendices. Nicole nos mostró que lo que recibimos lo pasamos adelante. Yo prediqué sobre la poda, sobre cómo el carácter se forma en los procesos difíciles. Y en cada uno de esos mensajes había un protagonista escondido del que casi no hablamos directamente — hasta que llegó Juanco.
Porque toda la serie venía haciendo una pregunta sin responderla del todo: ¿quién hace toda esa obra interna en el aprendiz? ¿Quién transforma el corazón? ¿Quién forma el carácter de Cristo en nosotros? Podemos hablar de prácticas, de comunidad, de permanecer en la vid. Pero ninguna de esas cosas, por sí sola, transforma a nadie.
La respuesta de Juanco fue sencilla y enorme al mismo tiempo. Es el Espíritu Santo.
Porque toda la serie venía haciendo una pregunta sin responderla del todo: ¿quién hace toda esa obra interna en el aprendiz? ¿Quién transforma el corazón? ¿Quién forma el carácter de Cristo en nosotros? Podemos hablar de prácticas, de comunidad, de permanecer en la vid. Pero ninguna de esas cosas, por sí sola, transforma a nadie.
La respuesta de Juanco fue sencilla y enorme al mismo tiempo. Es el Espíritu Santo.

Él lo dijo con una imagen que se me quedó pegada: el Espíritu Santo es la savia que fluye de la vid al aprendiz. ¿Lo ves? En mi sermón hablé de permanecer en la vid. Pero no expliqué qué es lo que fluye por dentro cuando permaneces. Juanco completó la imagen. La savia. Eso invisible que sube por el tronco hasta la rama y produce el fruto que la rama jamás podría producir por su cuenta.
Y aquí está lo que me ha estado acompañando desde ese domingo.
Pasamos mucho tiempo en la vida cristiana tratando de producir fruto por esfuerzo propio. Tratando de ser más pacientes apretando los dientes. Tratando de perdonar por fuerza de voluntad. Tratando de amar al difícil con nuestras propias fuerzas. Y nos agotamos. Porque la rama no produce fruto haciendo fuerza. Lo produce permaneciendo conectada a la savia.
El fruto del Espíritu —amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio— no es una lista de tareas. Es lo que naturalmente brota cuando dejamos que la savia fluya.
Y aquí está lo que me ha estado acompañando desde ese domingo.
Pasamos mucho tiempo en la vida cristiana tratando de producir fruto por esfuerzo propio. Tratando de ser más pacientes apretando los dientes. Tratando de perdonar por fuerza de voluntad. Tratando de amar al difícil con nuestras propias fuerzas. Y nos agotamos. Porque la rama no produce fruto haciendo fuerza. Lo produce permaneciendo conectada a la savia.
El fruto del Espíritu —amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio— no es una lista de tareas. Es lo que naturalmente brota cuando dejamos que la savia fluya.

Lo que comienza ahora...
Y Juanco nos recordó algo más, algo que conecta con todo lo que hemos venido construyendo como iglesia. Dijo que Pablo habla de fruto, no de apariencia. Que la evidencia de que el Espíritu está obrando no es lo que sentimos en un culto, sino si nos estamos pareciendo cada día más a Jesús.
Eso es presencia sobre apariencia. Otra vez. El lema del año, predicado sin que él tuviera que nombrarlo como lema.
Esta semana cerramos formalmente la serie Aprendices de Jesús. Pero quiero que entiendas algo: la serie nunca fue el destino. Fue la puerta. Durante cinco semanas describimos cómo Dios forma a sus aprendices. Ahora viene lo importante — vivirlo.
Eso es presencia sobre apariencia. Otra vez. El lema del año, predicado sin que él tuviera que nombrarlo como lema.
Esta semana cerramos formalmente la serie Aprendices de Jesús. Pero quiero que entiendas algo: la serie nunca fue el destino. Fue la puerta. Durante cinco semanas describimos cómo Dios forma a sus aprendices. Ahora viene lo importante — vivirlo.

Por eso lanzamos La Vida Profunda. Es el espacio donde lo que predicamos en mayo se vuelve práctica en comunidad. Donde no solo escuchamos sobre el Espíritu Santo, sino que aprendemos a abrirle espacio, día a día, juntos. Las inscripciones ya están abiertas. Si la serie te tocó algo y no quieres que se quede en notas que nunca volverás a leer, este es tu próximo paso. Búscalo en el app de la iglesia.

Te dejo con la pregunta con la que Juanco cerró su mensaje. Él nos pidió hacer silencio —silencio intencional— y dejar que el Espíritu la contestara. Te invito a hacer lo mismo esta semana, aunque sea por un minuto.
Espíritu Santo, ¿qué quieres enseñarme hoy?
No la respondas tú. Haz silencio. Y deja que Él la conteste.
Apuntemos a Jesús.
Pastor Eliud Morales
Iglesia Theopolis
Mayagüez, Puerto Rico
Espíritu Santo, ¿qué quieres enseñarme hoy?
No la respondas tú. Haz silencio. Y deja que Él la conteste.
Apuntemos a Jesús.
Pastor Eliud Morales
Iglesia Theopolis
Mayagüez, Puerto Rico

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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo.
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Posted in El blog del pastor
