NO MENOSPRECIES LO PEQUEÑO

Basado en el mensaje predicado por Eliud Morales
Llevo toda la semana pensando en una semilla que nunca he visto con mis propios ojos.
La de la secuoya gigante. El árbol más grande de la tierra —más de 80 metros, más alto que un edificio de 25 pisos— empieza como una semilla del tamaño de una escama de avena. Tan pequeña que, si la encontraras en el piso de tu casa, probablemente la barrerías sin mirarla dos veces, pensando que es una basurita.
Y sin embargo ahí adentro está todo el diseño necesario para levantar 80 metros de madera viva que va a seguir en pie después de que tú y yo ya no existamos.
Empecé el domingo con esa imagen porque quería que entendiéramos algo antes de entrar a las tres parábolas de Mateo 13: cuando Jesús describe el Reino de los cielos, no usa la imagen de un ejército o un templo. Lo compara con lo más pequeño que existía para la gente que lo escuchaba. No confundas lo pequeño con lo insignificante. Las cosas más grandes siempre empezaron escondidas.
La de la secuoya gigante. El árbol más grande de la tierra —más de 80 metros, más alto que un edificio de 25 pisos— empieza como una semilla del tamaño de una escama de avena. Tan pequeña que, si la encontraras en el piso de tu casa, probablemente la barrerías sin mirarla dos veces, pensando que es una basurita.
Y sin embargo ahí adentro está todo el diseño necesario para levantar 80 metros de madera viva que va a seguir en pie después de que tú y yo ya no existamos.
Empecé el domingo con esa imagen porque quería que entendiéramos algo antes de entrar a las tres parábolas de Mateo 13: cuando Jesús describe el Reino de los cielos, no usa la imagen de un ejército o un templo. Lo compara con lo más pequeño que existía para la gente que lo escuchaba. No confundas lo pequeño con lo insignificante. Las cosas más grandes siempre empezaron escondidas.

Pero la parábola que más me detuvo a mí mismo esta semana fue la del sembrador. Un mismo agricultor. La misma semilla. Cuatro terrenos distintos. Y ahí está la parte que no queremos escuchar de frente: la diferencia nunca está en la semilla. Está en el terreno. No es que el mensaje del Reino falle en algunos de nosotros. Es que hay corazones que todavía no han sido diagnosticados con honestidad.
Y quise ser honesto conmigo mismo esta semana, no solo contigo. Todos, en algún grado, tenemos terreno endurecido. Yo también. Hay partes de mi corazón que se endurecieron por heridas que preferí amurallar en vez de sanar. Y la pregunta que me hice, la misma que te dejé el domingo, no es si tengo terreno endurecido. Es si estoy dispuesto a que el médico del alma me diagnostique sin que yo me defienda.
También hablé de las raíces profundas — esas que nadie ve, que no salen en ninguna foto, que se forman en la disciplina callada de la oración y el ayuno. Y de la comodidad como espino, algo que confirmé de nuevo en Cuba la semana pasada, viendo iglesias de treinta personas sirviendo semanalmente a cientos, con una fracción de lo que nosotros tenemos.
Pero lo que más me costó compartir el domingo fue algo mío. Cuando Dios me llamó a pastorear esta iglesia, yo tenía el trabajo de mis sueños — el que había luchado tanto por conseguir, el que me apasionaba y me pagaba bien. Y en oración me vi a mí mismo en la cima de esa montaña, habiendo cumplido cada objetivo. Y ahí arriba no había nadie esperándome para celebrar. Renunciamos a ese trabajo sentados en nuestro comedor. Y hace pocas semanas, en un techo en Cuba, enseñando lo que ayudaría a formar discípulos en cientos de iglesias, entendí algo que no me suelta: aquello que tuve que soltar para entregarme al Reino ahora me parece insignificante comparado con lo que gané.
Esa es la cita que cerró el mensaje, y con la que quiero cerrar esto también: lo que empezó del tamaño de una semilla terminará siendo más grande que todo lo que tenías que soltar para recibir el Reino.
Y quise ser honesto conmigo mismo esta semana, no solo contigo. Todos, en algún grado, tenemos terreno endurecido. Yo también. Hay partes de mi corazón que se endurecieron por heridas que preferí amurallar en vez de sanar. Y la pregunta que me hice, la misma que te dejé el domingo, no es si tengo terreno endurecido. Es si estoy dispuesto a que el médico del alma me diagnostique sin que yo me defienda.
También hablé de las raíces profundas — esas que nadie ve, que no salen en ninguna foto, que se forman en la disciplina callada de la oración y el ayuno. Y de la comodidad como espino, algo que confirmé de nuevo en Cuba la semana pasada, viendo iglesias de treinta personas sirviendo semanalmente a cientos, con una fracción de lo que nosotros tenemos.
Pero lo que más me costó compartir el domingo fue algo mío. Cuando Dios me llamó a pastorear esta iglesia, yo tenía el trabajo de mis sueños — el que había luchado tanto por conseguir, el que me apasionaba y me pagaba bien. Y en oración me vi a mí mismo en la cima de esa montaña, habiendo cumplido cada objetivo. Y ahí arriba no había nadie esperándome para celebrar. Renunciamos a ese trabajo sentados en nuestro comedor. Y hace pocas semanas, en un techo en Cuba, enseñando lo que ayudaría a formar discípulos en cientos de iglesias, entendí algo que no me suelta: aquello que tuve que soltar para entregarme al Reino ahora me parece insignificante comparado con lo que gané.
Esa es la cita que cerró el mensaje, y con la que quiero cerrar esto también: lo que empezó del tamaño de una semilla terminará siendo más grande que todo lo que tenías que soltar para recibir el Reino.

Nos inspiramos los domingos, pero el descanso se practica entre domingo y domingo. Por eso preparamos una guía con un versículo, una reflexión, una oración y una práctica para cada día de esta semana.
Esta semana trabajamos los cuatro terrenos de la parábola del sembrador, uno por uno, para identificar con honestidad cuál describe mejor tu corazón hoy.
10-15 minutos cada mañana. Ya está disponible en la App Theopolis.
Esta semana trabajamos los cuatro terrenos de la parábola del sembrador, uno por uno, para identificar con honestidad cuál describe mejor tu corazón hoy.
10-15 minutos cada mañana. Ya está disponible en la App Theopolis.
Plan de lectura de 7 días en YouVersion.

Pensado para leerlo en comunidad — con tu grupo pequeño, tu familia, o esa persona que todavía no conoce a Jesús. Es una puerta sencilla para que alguien de afuera entre a la conversación que estamos teniendo como iglesia.

La Caldera: Martes de Encuentros de Oración
Este episodio nos dejó un diagnóstico, no una acusación: ¿qué terreno describe mejor tu corazón esta temporada?
La Caldera es el espacio donde nombramos eso en voz alta, sin vergüenza, delante de Dios y de dos o tres personas de confianza. Todos los martes a las 7 PM.
No es un servicio más. Es donde el terreno endurecido empieza a ablandarse.
La Caldera es el espacio donde nombramos eso en voz alta, sin vergüenza, delante de Dios y de dos o tres personas de confianza. Todos los martes a las 7 PM.
No es un servicio más. Es donde el terreno endurecido empieza a ablandarse.
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No confundas lo pequeño con lo insignificante. Las cosas más grandes siempre empezaron escondidas.
Toda esta semana he vuelto a la imagen de la secuoya. A veces medimos lo que Dios está haciendo en nosotros por lo rápido que se ve, y se nos olvida que lo eterno casi nunca se ve rápido.
Si esta semana reconoces un terreno endurecido, unas raíces poco profundas, o una comodidad que se volvió espino, quiero invitarte a lo mismo que me invité a mí mismo: deja que el médico del alma te diagnostique sin defenderte.
Te espero, Pastor Sammy
Toda esta semana he vuelto a la imagen de la secuoya. A veces medimos lo que Dios está haciendo en nosotros por lo rápido que se ve, y se nos olvida que lo eterno casi nunca se ve rápido.
Si esta semana reconoces un terreno endurecido, unas raíces poco profundas, o una comodidad que se volvió espino, quiero invitarte a lo mismo que me invité a mí mismo: deja que el médico del alma te diagnostique sin defenderte.
Te espero, Pastor Sammy
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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo.
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Posted in El blog del pastor

