PEGADO AL CRISTAL

Basado en el mensaje predicado por Eliud Morales
Llevo toda la semana pensando en una imagen que yo mismo usé el domingo, y todavía no me suelta.
La de alguien parado afuera de una casa donde hay una fiesta, con la nariz pegada al cristal, mirando hacia adentro. Queriendo estar ahí. Convencido de que todavía no se ha ganado el derecho a entrar.
Y lo que no me suelta es que, preparando este mensaje, entendí que yo he vivido parado en ese mismo lugar más veces de las que quisiera admitir.
La de alguien parado afuera de una casa donde hay una fiesta, con la nariz pegada al cristal, mirando hacia adentro. Queriendo estar ahí. Convencido de que todavía no se ha ganado el derecho a entrar.
Y lo que no me suelta es que, preparando este mensaje, entendí que yo he vivido parado en ese mismo lugar más veces de las que quisiera admitir.

Crecí pensando que la cercanía de Dios se ganaba portándose bien. Que primero tenía que arreglar mi vida, y después Dios se iba a acercar. Y bajo esa lógica nunca se llega, porque siempre hay algo más que arreglar. El estándar siempre está un poquito más lejos.
Este domingo empezamos En busca del Reino, un recorrido de ocho semanas por el Evangelio de Mateo. Y abrimos con la primera predicación registrada de Jesús: "Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca" (Mateo 4:17 NTV).
Toda mi vida leí esa palabra —"cerca"— como el que llega tarde a una cita y contesta "ya casi llego." Casi ahí, pero no. Y bajo esa lectura, seguir a Jesús se convierte en una sala de espera: nos sentamos con los brazos cruzados, esperando que el Reino algún día llegue. Cuando me muera. Cuando Cristo regrese. Algún día, allá lejos.
Pero el griego detrás de esa palabra dice otra cosa. Está en un tiempo verbal que significa que ya se acercó, y como resultado, ya está aquí.
Eso cambia todo.
Este domingo empezamos En busca del Reino, un recorrido de ocho semanas por el Evangelio de Mateo. Y abrimos con la primera predicación registrada de Jesús: "Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca" (Mateo 4:17 NTV).
Toda mi vida leí esa palabra —"cerca"— como el que llega tarde a una cita y contesta "ya casi llego." Casi ahí, pero no. Y bajo esa lectura, seguir a Jesús se convierte en una sala de espera: nos sentamos con los brazos cruzados, esperando que el Reino algún día llegue. Cuando me muera. Cuando Cristo regrese. Algún día, allá lejos.
Pero el griego detrás de esa palabra dice otra cosa. Está en un tiempo verbal que significa que ya se acercó, y como resultado, ya está aquí.
Eso cambia todo.

El Reino de Dios, en una frase, es dondequiera que Dios reina en verdad. Dondequiera que lo que Él quiere se hace, no solo de nombre, sino de verdad. Y Jesús no está anunciando que eso viene en camino. Está anunciando que ya llegó, con Él, a donde tú estás.
Isaías ya lo había descrito siglos antes: la gente que caminaba en oscuridad vio una gran luz. Y ahí entendí algo que quiero que no se nos olvide nunca: cuando enciendes una luz en un pasillo oscuro, no hay un momento intermedio. No se va acercando poquito a poquito mientras giras el interruptor. Se prende, y la oscuridad total se acaba.
Esa gente ni siquiera estaba buscando la luz. La luz se les acercó a ellos.
Isaías ya lo había descrito siglos antes: la gente que caminaba en oscuridad vio una gran luz. Y ahí entendí algo que quiero que no se nos olvide nunca: cuando enciendes una luz en un pasillo oscuro, no hay un momento intermedio. No se va acercando poquito a poquito mientras giras el interruptor. Se prende, y la oscuridad total se acaba.
Esa gente ni siquiera estaba buscando la luz. La luz se les acercó a ellos.

Y ahí volví a la imagen del cristal. Porque la persona pegada al cristal está esperando que la luz se le acerque poco a poco, mientras se esfuerza por merecerla. Y la noticia que Jesús trae es que no tiene que ganarse nada. Ya hay una silla puesta. Ya la fiesta empezó. Ya el Reino llegó.
El Reino de Dios es algo que Dios trae. No es algo que nosotros construimos.
Lo confronté con algo muy simple: si el Reino no espera a que subamos una montaña, entonces la pregunta ya no es cuánto me falta por arreglar. La pregunta es hacia dónde estoy mirando. Porque no existe manera de girar hacia una dirección sin dar la espalda a otra. Es físicamente imposible, y espiritualmente también.
Y quiero ser honesto contigo, porque sé que hay quien lo está sintiendo justo ahora: girar hacia la luz casi nunca es soltar un vicio o un mal hábito. A veces es más difícil. Es soltar un pensamiento que nos ha acompañado por años. Una costumbre que ya se siente parte de nuestra naturaleza. Personas que amamos, pero que nos siguen apuntando hacia donde la oscuridad se pone más densa.
Y aquí quiero decirte algo con mucho cuidado, porque esto es delicado: girar hacia la luz no significa dejar de amar a esa persona. Jesús nunca le dio la espalda al que estaba perdido en oscuridad — Él llegó hasta donde esa persona estaba. Pero a veces le tenemos que dar la espalda al camino, no a la persona.
Tres preguntas nos ayudaron a examinar hacia dónde miramos: ¿Qué es lo que más miedo tengo de perder? ¿Hacia dónde corre mi mente cuando no tengo que pensar en nada? ¿Qué es lo que, si Dios me pidiera hoy soltar, me costaría más?
Cinco jóvenes de TheoYouth respondieron esas preguntas esta semana de la manera más clara posible: se bautizaron. Dijeron, con sus propias palabras y sin que nadie los presionara, que quieren mirar hacia la luz.
Y esa es exactamente la pregunta que nos queda a cada uno: ¿tú qué vas a hacer?
El Reino de Dios es algo que Dios trae. No es algo que nosotros construimos.
Lo confronté con algo muy simple: si el Reino no espera a que subamos una montaña, entonces la pregunta ya no es cuánto me falta por arreglar. La pregunta es hacia dónde estoy mirando. Porque no existe manera de girar hacia una dirección sin dar la espalda a otra. Es físicamente imposible, y espiritualmente también.
Y quiero ser honesto contigo, porque sé que hay quien lo está sintiendo justo ahora: girar hacia la luz casi nunca es soltar un vicio o un mal hábito. A veces es más difícil. Es soltar un pensamiento que nos ha acompañado por años. Una costumbre que ya se siente parte de nuestra naturaleza. Personas que amamos, pero que nos siguen apuntando hacia donde la oscuridad se pone más densa.
Y aquí quiero decirte algo con mucho cuidado, porque esto es delicado: girar hacia la luz no significa dejar de amar a esa persona. Jesús nunca le dio la espalda al que estaba perdido en oscuridad — Él llegó hasta donde esa persona estaba. Pero a veces le tenemos que dar la espalda al camino, no a la persona.
Tres preguntas nos ayudaron a examinar hacia dónde miramos: ¿Qué es lo que más miedo tengo de perder? ¿Hacia dónde corre mi mente cuando no tengo que pensar en nada? ¿Qué es lo que, si Dios me pidiera hoy soltar, me costaría más?
Cinco jóvenes de TheoYouth respondieron esas preguntas esta semana de la manera más clara posible: se bautizaron. Dijeron, con sus propias palabras y sin que nadie los presionara, que quieren mirar hacia la luz.
Y esa es exactamente la pregunta que nos queda a cada uno: ¿tú qué vas a hacer?
Nos inspiramos los domingos, pero el retrato se pinta entre domingo y domingo. Por eso preparamos una guía con un versículo, una reflexión, una oración y una práctica para cada día de esta semana.
Esta semana trabajamos las tres preguntas de examen del mensaje — qué tememos perder, hacia dónde corre nuestra mente, y qué nos costaría soltar — como una manera de identificar hacia dónde estamos mirando de verdad.
Para leerlo en 10-15 minutos cada mañana. Ya está disponible en la App Theopolis.
Esta semana trabajamos las tres preguntas de examen del mensaje — qué tememos perder, hacia dónde corre nuestra mente, y qué nos costaría soltar — como una manera de identificar hacia dónde estamos mirando de verdad.
Para leerlo en 10-15 minutos cada mañana. Ya está disponible en la App Theopolis.
Plan de lectura de 7 días en YouVersion.

Pensado para leerlo en comunidad — con tu grupo pequeño, tu familia, o esa persona que todavía no conoce a Jesús. Es una puerta sencilla para que alguien de afuera entre a la conversación que estamos teniendo como iglesia.

La Caldera: Martes de Encuentros de Oración
Este primer episodio nos dejó una pregunta incómoda: ¿cuánto de nuestra fe está viviendo en la sala de espera, esperando que "algún día" el Reino llegue?
La Caldera es ese espacio. Todos los martes a las 7 PM traemos delante de Dios lo que llevamos años esperando que "algún día" pase, y le pedimos que encienda la luz hoy.
No es un servicio más. Es donde dejamos de esperar y giramos hacia la luz.
La Caldera es ese espacio. Todos los martes a las 7 PM traemos delante de Dios lo que llevamos años esperando que "algún día" pase, y le pedimos que encienda la luz hoy.
No es un servicio más. Es donde dejamos de esperar y giramos hacia la luz.
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El Reino de Dios es algo que Dios trae. No es algo que nosotros construimos.
Eso no me quita la responsabilidad de girar. Pero sí me quita el peso de creer que tengo que ganarme una entrada que ya está abierta.
Si esta semana te reconoces pegado al cristal, con la nariz apretada contra el vidrio, mirando hacia adentro — quiero que sepas que ya hay una silla puesta para ti. El Reino no espera a que subas la montaña. El Reino baja.
Te espero, Pastor Sammy
Eso no me quita la responsabilidad de girar. Pero sí me quita el peso de creer que tengo que ganarme una entrada que ya está abierta.
Si esta semana te reconoces pegado al cristal, con la nariz apretada contra el vidrio, mirando hacia adentro — quiero que sepas que ya hay una silla puesta para ti. El Reino no espera a que subas la montaña. El Reino baja.
Te espero, Pastor Sammy
¿Quieres profundizar en estas verdades? Hemos creado una guía de oración y reflexión de 7 días para ayudarte a vivir estas cuatro herramientas cada día. Descarga la aplicación Iglesia Theopolis y ve a la pestaña "Conocer" para acceder a estos recursos.
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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo.
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