VEO REINO ALLÁ, PERO NO AQUÍ

Basado en el mensaje predicado por Gabriela Martínez

Gabriela terminó su mensaje del domingo con algo que, según sus propias palabras, no tenía pensado compartir.

Había predicado la semana anterior sobre Jesús Sanador, en su propia congregación. El martes siguiente, la llamaron al hospital para acompañar a una paciente suya que estaba a punto de morir. Oró por ella. Le pidió a Dios un milagro — uno solo. No llegó. Lo que sí tuvo fue el privilegio de acompañarla en su muerte. Y dijo que solo pudo volver a predicar sobre sanidad gracias a la esperanza del mensaje que nos acababa de dar: Jesús, el Rey que viene.

Me quedé en silencio cuando lo escuché, y llevo toda la semana sin poder soltarlo.

El domingo, antes de llegar ahí, Gabriela nos había llevado por Mateo 24 y 25 — el regreso de Cristo. Empezó contando algo de su adolescencia: en el 2012, un compañero de clase presentó sobre el fin del mundo, y ella salió corriendo del salón, aterrada. Con mucha honestidad reconoció después que lo que sintió no fue celo por el evangelio. Fue miedo.
Y desde ahí hizo una pregunta que se quedó resonando en mí toda la semana: ¿anhelamos el Reino sin el Rey? Es fácil querer los beneficios —paz, justicia, comunidad, sanidad— sin de verdad anhelar a la persona que los trae. Anhelar el Reino, dijo Gabriela, inevitablemente significa anhelar al Rey.

Con tres parábolas —el siervo fiel y el infiel, las diez damas de honor, y los talentos— mostró que Jesús espera de su Iglesia tres cosas mientras espera su regreso: expectación, fidelidad, y prudencia. No miedo. No cálculo de fechas. Y en la parábola de los talentos, algo que me detuvo: el siervo que escondió lo que se le confió no lo hizo por maldad. Lo hizo por miedo, y ese miedo nacía de una imagen distorsionada de su señor. "Yo sabía que usted era un hombre duro." No vio generosidad. Vio una amenaza.

Y ahí volví al testimonio del final. Porque lo que Gabriela hizo, al compartirlo, fue exactamente lo contrario de esconder por miedo. Tenía todo el derecho de guardarse esa historia — de predicar la teología del regreso de Cristo sin abrir esa herida tan reciente. Pero decidió, en vivo, sin plan, mostrarnos cómo se ve creer en un Dios generoso incluso cuando la respuesta es "no viste el milagro."

Y cerró con una invitación que no puedo dejar de repetir: nombrar, sin miedo, dónde vemos Reino allá, pero todavía no aquí. Una oración que no ha sido contestada. Un dolor que sigue presente. No para fingir que ya se resolvió. Sino para ponerlo delante de la esperanza de que el Rey regresará — que quizás no aquí, pero allá habrá respuesta.

Anhelar el Reino inevitablemente significa anhelar al Rey.

Y esta semana entendí que eso incluye anhelarlo incluso cuando Él no contesta como pedimos. Sobre todo entonces.
Nos inspiramos los domingos, pero el descanso se practica entre domingo y domingo. Por eso preparamos una guía con un versículo, una reflexión, una oración y una práctica para cada día de esta semana.

Esta semana trabajamos los tres grupos de Mateo 18, uno por uno, y cerramos examinando a quién le seguimos llevando la cuenta.

10-15 minutos cada mañana. Ya está disponible en la App Theopolis.

Plan de lectura de 7 días en YouVersion.

Pensado para leerlo en comunidad — con tu grupo pequeño, tu familia, o esa persona que todavía no conoce a Jesús. Es una puerta sencilla para que alguien de afuera entre a la conversación que estamos teniendo como iglesia.

La Caldera: Martes de Encuentros de Oración

Este episodio nos dejó una invitación muy concreta: nombrar, sin miedo, la oración que todavía no ha sido contestada.

La Caldera es el espacio para hacer eso en comunidad. Todos los martes a las 7 PM, traemos delante de Dios lo que todavía no vemos resuelto, sostenidos por la esperanza de su regreso.

No es un servicio más. Es donde el dolor sin respuesta encuentra compañía.

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Anhelar el Reino inevitablemente significa anhelar al Rey.

Sigo pensando en Gabriela, de pie frente a la congregación, contando algo que no tenía planeado decir, sin el milagro que había pedido días antes. Y sigo pensando en cuántas veces yo escondo mis propias preguntas sin respuesta, en vez de nombrarlas como ella lo hizo.

Si esta semana cargas algo así — una oración sin contestar, un dolor que no se ha resuelto — quiero invitarte a lo mismo que Gabriela nos invitó: nómbralo. No porque vaya a resolverse hoy. Porque el Rey regresará.

Te espero, Pastor Sammy
¿Quieres profundizar en estas verdades? Hemos creado una guía de oración y reflexión de 7 días para ayudarte a vivir estas cuatro herramientas cada día. Descarga la aplicación Iglesia Theopolis y ve a la pestaña "Conocer" para acceder a estos recursos. 

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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo. 
 

Eliud Morales