LAS CICATRICES QUE SON CREDENCIALES

Basado en el mensaje predicado por Eliud Morales
Hay una foto que no me puedo sacar de la cabeza.
Un hombre parado frente al Senado de los Estados Unidos, quitándose la camisa. No por escándalo, sino por testimonio. Su torso estaba cubierto de cicatrices — dieciocho marcas de tortura, de catorce años en las cárceles comunistas de Rumania. Y mientras los senadores miraban en silencio, Richard Wurmbrand dijo una frase que me persigue: "eso que ustedes ven ahí, son mis credenciales."
Credenciales. No un diploma. No una lista de logros. No cuántas iglesias plantó, ni cuántos lo seguían, ni cuán famoso llegó a ser. Sus cicatrices.
Un hombre parado frente al Senado de los Estados Unidos, quitándose la camisa. No por escándalo, sino por testimonio. Su torso estaba cubierto de cicatrices — dieciocho marcas de tortura, de catorce años en las cárceles comunistas de Rumania. Y mientras los senadores miraban en silencio, Richard Wurmbrand dijo una frase que me persigue: "eso que ustedes ven ahí, son mis credenciales."
Credenciales. No un diploma. No una lista de logros. No cuántas iglesias plantó, ni cuántos lo seguían, ni cuán famoso llegó a ser. Sus cicatrices.

Suena cruel, pero no lo es
Vivimos en un mundo que mide el valor de una vida por cosas muy distintas. Por los aplausos. Por los seguidores. Por el número al lado del corazoncito en la pantalla. Nos educaron para creer que si mucha gente nos aprueba, vamos bien, y que si nos critican o nos rechazan, algo hicimos mal. Es el evangelio de la aprobación universal, y suena tan razonable que casi nunca lo cuestionamos.
Pero el domingo, cerrando nuestra serie El Retrato del Aprendiz, Jesús nos dijo algo que le da la vuelta a todo. La última pincelada del retrato del aprendiz no es una virtud bonita que uno practica frente al espejo. Es una herida: "Dios bendice a los que son perseguidos por hacer lo correcto." Y frente a esa herida, Jesús no manda aguantar, ni resignarse. Manda algo escandaloso: alégrense.
Confieso que esa palabra me costó. ¿Cómo le pides a alguien que está siendo rechazado, calumniado, herido, que se alegre? Suena cruel. Suena a alguien que no entiende el dolor. Pero Jesús no estaba siendo cruel. Estaba viendo algo que nosotros no vemos.
Pero el domingo, cerrando nuestra serie El Retrato del Aprendiz, Jesús nos dijo algo que le da la vuelta a todo. La última pincelada del retrato del aprendiz no es una virtud bonita que uno practica frente al espejo. Es una herida: "Dios bendice a los que son perseguidos por hacer lo correcto." Y frente a esa herida, Jesús no manda aguantar, ni resignarse. Manda algo escandaloso: alégrense.
Confieso que esa palabra me costó. ¿Cómo le pides a alguien que está siendo rechazado, calumniado, herido, que se alegre? Suena cruel. Suena a alguien que no entiende el dolor. Pero Jesús no estaba siendo cruel. Estaba viendo algo que nosotros no vemos.

Y antes de mostrártelo, tengo que ser honesto con algo que casi nadie te dice cuando te invitan a seguir a Jesús: esto cuesta. Seguir a Jesús te va a costar todo lo que crees que es tu tesoro. Él nunca lo escondió — en Lucas 14 dijo que no puedes ser su discípulo sin dejar todo lo que posees. No una parte. Todo.
Y te seré aún más sincero: yo también he peleado con esa tensión. He pensado muchas veces si vale la pena sacrificar cosas, comodidad, hasta personas que amo, por vivir como aprendiz de Jesús. Esa lucha es real. Y no te hace menos cristiano sentirla.
Pero aquí está lo que Jesús ve, y que nosotros no. Él no te deja solo frente a ese costo.
Te da dos herramientas para el día que llegue la persecución.
Y te seré aún más sincero: yo también he peleado con esa tensión. He pensado muchas veces si vale la pena sacrificar cosas, comodidad, hasta personas que amo, por vivir como aprendiz de Jesús. Esa lucha es real. Y no te hace menos cristiano sentirla.
Pero aquí está lo que Jesús ve, y que nosotros no. Él no te deja solo frente a ese costo.
Te da dos herramientas para el día que llegue la persecución.

La primera: hay una economía que no se ve. Lo que el perseguido pierde en el reino de la tierra, lo recupera en el reino de los cielos, multiplicado. Wurmbrand perdió catorce años en una celda — pero decía que ahí conoció a Cristo de una manera que la mayoría de nosotros nunca conoceremos en libertad.
La recompensa no empezó cuando salió, ni cuando murió. Empezó en la celda oscura, mientras lo torturaban. Por eso el aprendiz perseguido sabe algo que el mundo no sabe: nada de lo que sueltas por Cristo se pierde de verdad. Solo cambia de dirección, de la tierra al cielo.
La segunda herramienta es todavía más profunda: no estás solo. Cuando te persiguen, la mentira más grande que escucharás es "estás solo en esto". Y Jesús la destruye recordándote que a los profetas los persiguieron igual. Entras en una familia. Y esa compañía viene de tres direcciones.
Hacia atrás: los profetas que fueron antes que tú.
Hacia los lados: los hermanos que sufren contigo hoy — en Colombia, donde adorar puede costar la vida; en Cuba, donde la iglesia se reúne a escondidas en las casas porque el templo está prohibido. Esos hermanos son nuestros campos de misión, y a finales de agosto vamos a estar con ellos.
Y hacia arriba: Cristo mismo, el Perseguido por excelencia, que fue rechazado, calumniado, traicionado, crucificado — y que va abriéndote el camino.
La recompensa no empezó cuando salió, ni cuando murió. Empezó en la celda oscura, mientras lo torturaban. Por eso el aprendiz perseguido sabe algo que el mundo no sabe: nada de lo que sueltas por Cristo se pierde de verdad. Solo cambia de dirección, de la tierra al cielo.
La segunda herramienta es todavía más profunda: no estás solo. Cuando te persiguen, la mentira más grande que escucharás es "estás solo en esto". Y Jesús la destruye recordándote que a los profetas los persiguieron igual. Entras en una familia. Y esa compañía viene de tres direcciones.
Hacia atrás: los profetas que fueron antes que tú.
Hacia los lados: los hermanos que sufren contigo hoy — en Colombia, donde adorar puede costar la vida; en Cuba, donde la iglesia se reúne a escondidas en las casas porque el templo está prohibido. Esos hermanos son nuestros campos de misión, y a finales de agosto vamos a estar con ellos.
Y hacia arriba: Cristo mismo, el Perseguido por excelencia, que fue rechazado, calumniado, traicionado, crucificado — y que va abriéndote el camino.

Porque al final, familia, el retrato del aprendiz es el retrato de Jesús. Nueve semanas viendo emerger un rostro, y resulta que el rostro era el suyo todo el tiempo.
Él vivió cada pincelada — pobre en espíritu, el que llora, manso, hambriento de justicia, misericordioso, limpio, pacificador — y fue el perseguido con mayúscula.
Así que si parecerte a Jesús te ha costado algo — una amistad, una puerta cerrada, una burla, una noche de soledad por no seguir la corriente — no pienses que algo salió mal.
Piensa lo contrario. El retrato casi está terminado. Su rostro empezó a verse en ti.
Alégrate. El reino del cielo te pertenece. Te perteneció cuando llegaste con las manos vacías, y te pertenece ahora. Y ese reino, nadie — ni la cárcel, ni la calumnia, ni la muerte — nadie te lo puede quitar.
— Pastor Sammy
Él vivió cada pincelada — pobre en espíritu, el que llora, manso, hambriento de justicia, misericordioso, limpio, pacificador — y fue el perseguido con mayúscula.
Así que si parecerte a Jesús te ha costado algo — una amistad, una puerta cerrada, una burla, una noche de soledad por no seguir la corriente — no pienses que algo salió mal.
Piensa lo contrario. El retrato casi está terminado. Su rostro empezó a verse en ti.
Alégrate. El reino del cielo te pertenece. Te perteneció cuando llegaste con las manos vacías, y te pertenece ahora. Y ese reino, nadie — ni la cárcel, ni la calumnia, ni la muerte — nadie te lo puede quitar.
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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo.
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