EL HAMBRE QUE NO SE APAGA

Basado en el mensaje predicado por Juan Cordero
El domingo no prediqué yo. Predicó Juanco. Y me senté entre ustedes, como un aprendiz más, a recibir.
Hay algo que pasa cuando uno se sienta en la banca en vez de pararse en la tarima. Uno baja la guardia. Y el Espíritu encuentra puertas que el predicador, ocupado en predicar, a veces deja cerradas. Esa mañana el Señor me abrió una.
Juanco hizo una pregunta sencilla. No "¿qué necesitas?" sino "¿qué es lo que más deseas?". Y confieso que me incomodó. Porque sé responder la primera. La segunda me desnuda.
Hay algo que pasa cuando uno se sienta en la banca en vez de pararse en la tarima. Uno baja la guardia. Y el Espíritu encuentra puertas que el predicador, ocupado en predicar, a veces deja cerradas. Esa mañana el Señor me abrió una.
Juanco hizo una pregunta sencilla. No "¿qué necesitas?" sino "¿qué es lo que más deseas?". Y confieso que me incomodó. Porque sé responder la primera. La segunda me desnuda.

Interesados vs Hambrientos
Llevamos toda la serie hablando del retrato. El Espíritu es el artista, nosotros somos el lienzo, y las prácticas espirituales son la forma de quedarnos quietos delante de Él. Las primeras tres semanas fueron preparación del lienzo: descubrir que no tengo, que me duele no tener, que dejé de fingir que tengo. Y solo entonces aparece esto: tengo hambre.
Hambre. No interés. Interés es lo que siento por aprender otro idioma o por empezar a hacer ejercicio — Paola todavía me espera en el gimnasio, dicho sea de paso. El interés se puede posponer toda la vida y uno sigue viviendo. El hambre no. El hambre te despierta de noche. El hambre te mueve.
Y la pregunta que me persigue desde el domingo es esta: ¿de qué tengo hambre realmente?
Hambre. No interés. Interés es lo que siento por aprender otro idioma o por empezar a hacer ejercicio — Paola todavía me espera en el gimnasio, dicho sea de paso. El interés se puede posponer toda la vida y uno sigue viviendo. El hambre no. El hambre te despierta de noche. El hambre te mueve.
Y la pregunta que me persigue desde el domingo es esta: ¿de qué tengo hambre realmente?

Porque si soy honesto, hay días en que tengo hambre de aprobación. Hay semanas en que tengo hambre de control. Hay temporadas en que tengo hambre de descanso, de reconocimiento, de que las cosas por fin salgan como las planeé. Y ninguna de esas hambres es mala. El problema empieza cuando le pido a una de ellas que sacie un vacío que solo Dios puede llenar.
Lo hemos vivido todos. "Cuando consiga el trabajo." "Cuando termine el grado." "Cuando compre la casa." "Cuando los hijos crezcan." Llegan esos momentos. Los celebramos de verdad, con gratitud. Y a los pocos días descubrimos que el hambre volvió. No porque seamos malagradecidos. Sino porque el corazón humano fue creado con una capacidad de deseo que ninguna cosa creada puede llenar del todo.
Durante años yo leí eso como un defecto. Como si algo en mí estuviera roto por no quedar nunca satisfecho. El domingo lo escuché distinto.
Esa hambre que no se apaga no es la prueba de que algo me falta. Es la prueba de que fui hecho para Alguien.
Lo hemos vivido todos. "Cuando consiga el trabajo." "Cuando termine el grado." "Cuando compre la casa." "Cuando los hijos crezcan." Llegan esos momentos. Los celebramos de verdad, con gratitud. Y a los pocos días descubrimos que el hambre volvió. No porque seamos malagradecidos. Sino porque el corazón humano fue creado con una capacidad de deseo que ninguna cosa creada puede llenar del todo.
Durante años yo leí eso como un defecto. Como si algo en mí estuviera roto por no quedar nunca satisfecho. El domingo lo escuché distinto.
Esa hambre que no se apaga no es la prueba de que algo me falta. Es la prueba de que fui hecho para Alguien.

Y aquí está lo que más me sostiene de este mensaje. Jesús no bendice a los justos. Bendice a los que tienen hambre de justicia. No le da el Reino al que dice poseerlo, sino al que lo anhela. Eso cambia todo para el que se siente lejos. La evidencia de que el Espíritu está pintando tu retrato no es que ya llegaste. Es que todavía tienes hambre.
La justicia de la que habla esta bienaventuranza no es solo arreglar lo que está mal afuera — aunque también es eso, y como iglesia tenemos que amar al vulnerable y defender al oprimido. Pero empieza más adentro. Es convertirse en la clase de persona que ama lo que Dios ama. Y esa justicia ninguno de nosotros la puede producir. Por eso la cruz. Ahí, y solo ahí, la justicia de Dios quedó satisfecha y su misericordia quedó demostrada al mismo tiempo. No te declara justo porque tu esfuerzo alcanzó. Te viste de la justicia de Cristo.
Así que el Espíritu hace dos cosas a la vez: despierta el hambre y empieza a saciarla. No de un golpe. Pincelada a pincelada. Cada vez que te dirige a perdonar en lugar de cobrar, a decir la verdad donde antes mentías, a amar al difícil, a servir sin que nadie lo note — eso no es solo "portarte mejor". Es otra pincelada en tu retrato. Él sigue pintando. Tú simplemente sigues permaneciendo.
La justicia de la que habla esta bienaventuranza no es solo arreglar lo que está mal afuera — aunque también es eso, y como iglesia tenemos que amar al vulnerable y defender al oprimido. Pero empieza más adentro. Es convertirse en la clase de persona que ama lo que Dios ama. Y esa justicia ninguno de nosotros la puede producir. Por eso la cruz. Ahí, y solo ahí, la justicia de Dios quedó satisfecha y su misericordia quedó demostrada al mismo tiempo. No te declara justo porque tu esfuerzo alcanzó. Te viste de la justicia de Cristo.
Así que el Espíritu hace dos cosas a la vez: despierta el hambre y empieza a saciarla. No de un golpe. Pincelada a pincelada. Cada vez que te dirige a perdonar en lugar de cobrar, a decir la verdad donde antes mentías, a amar al difícil, a servir sin que nadie lo note — eso no es solo "portarte mejor". Es otra pincelada en tu retrato. Él sigue pintando. Tú simplemente sigues permaneciendo.
LA GUÍA DE ORACIÓN Y REFLEXIÓN (7 días)
Por eso quiero dejarte la práctica que Juanco nos dio. No es una tarea para ganarte el favor de Dios. Es una manera de quedarte quieto delante del artista.
Esta semana, antes de una comida al día — mejor el almuerzo — haz una pausa de sesenta segundos. Mira tu plato. Siente el hambre real de tu cuerpo. Y pregúntale al Señor: ¿de qué tiene hambre hoy mi corazón?
Quizás la respuesta sea aprobación. Control. Descanso. Reconocimiento. No lo escondas. Nómbralo delante de Él. Y luego dile: Espíritu Santo, enséñame a tener hambre de la justicia de Cristo más que de cualquier otra cosa. Y come. Que esa comida te recuerde que el mismo Dios que alimenta tu cuerpo cada día quiere alimentar lo más profundo de tu alma.
Esta semana, antes de una comida al día — mejor el almuerzo — haz una pausa de sesenta segundos. Mira tu plato. Siente el hambre real de tu cuerpo. Y pregúntale al Señor: ¿de qué tiene hambre hoy mi corazón?
Quizás la respuesta sea aprobación. Control. Descanso. Reconocimiento. No lo escondas. Nómbralo delante de Él. Y luego dile: Espíritu Santo, enséñame a tener hambre de la justicia de Cristo más que de cualquier otra cosa. Y come. Que esa comida te recuerde que el mismo Dios que alimenta tu cuerpo cada día quiere alimentar lo más profundo de tu alma.

LA CALDERA (Martes de Oración)
La oración ferviente no es una disciplina que debemos dominar. Es el hambre por Dios que debemos cultivar. La Caldera es ese espacio. Si llevas un peso que no has soltado, ven y tráelo. No tienes que llegar entero.
Todos los martes, 7:00 PM. Te esperamos.
Todos los martes, 7:00 PM. Te esperamos.

Aquel que comenzó la buena obra en ti será fiel para completarla.
Sigue teniendo hambre. Es la mejor señal de que el retrato va en camino.
Con amor en Cristo,
Pastor Sammy
Te espero el domingo,
Iglesia Theopolis - Mayagüez, Puerto Rico
Sigue teniendo hambre. Es la mejor señal de que el retrato va en camino.
Con amor en Cristo,
Pastor Sammy
Te espero el domingo,
Iglesia Theopolis - Mayagüez, Puerto Rico
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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo.
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