Generosidad que aterriza el cielo en la tierra

Una carta para mi familia de Iglesia Theopolis

En octubre de 2018, Nicole y yo conocimos a Kiched.

No en persona. A través de una foto y un formulario. Kiched tenía nueve años, vivía en Haití, y se convirtió en nuestro ahijado a través de Compassion International.

Siete años después, Kiched tiene 16. Y yo todavía pienso en él con más regularidad de la que probablemente imaginas.

No porque seamos héroes. Sino porque hay algo en saber que hay un joven específico, con nombre y apellido, cuya historia está parcialmente entrelazada con la tuya, que te cambia la forma en que piensas sobre la misión.

Eso es lo primero que quiero que sepas antes del domingo 19.

Lo que no entendía en 2018

Cuando Nicole y yo comenzamos a apadrinar a Kiched, entendíamos el gesto. No entendíamos el sistema.

Pensábamos — como probablemente piensas tú — que se trataba de una transferencia mensual que llegaba de alguna manera a un niño en algún lugar. Importante, sí. Pero abstracto.

En diciembre del año pasado, Compassion me invitó a un viaje a República Dominicana junto a más de veinte pastores de Puerto Rico y Estados Unidos. Fuimos a ver el programa desde adentro. A caminar los barrios. A entrar a los hogares. A sentarnos con las madres y los niños.

Y lo que encontré cambió completamente lo que creía entender.

Lo que Compassion realmente es

Compassion International no es una ONG que distribuye recursos en comunidades pobres.
Es una red de multiplicación de iglesias.

Lo que hacen es identificar pastores de congregaciones humildes en comunidades de extrema pobreza — pastores que ya conocen el barrio, que ya tienen la confianza de las familias, que ya entienden la cultura — y los capacitan, los equipan y los financian para construir proyectos de alcance a la niñez dentro de su propia iglesia local.

Esa congregación pequeña que de otra manera no tendría recursos para sostener un programa estructurado — Compassion la convierte en un centro de desarrollo integral para los niños más vulnerables de su comunidad. Alimentación, salud, educación, uniforme escolar, y discipulado. Todo operado por la iglesia local que ya estaba ahí.

Y además entrenan y emplean a padrinos locales — personas del mismo barrio que reciben formación y un salario para dar seguimiento personal a los niños del programa. No voluntarios que vienen de visita. Personas que viven ahí, que conocen a las familias, que están presentes cuando nadie está tomando fotos.

Eso no es caridad. Eso es multiplicar aprendices, líderes y expresiones de Iglesia.

La madre que no puedo olvidar

En uno de los hogares que visitamos en República Dominicana, una madre empezó a hablar.
Joven — muy joven. Había tenido a su hijo siendo adolescente, como la mayoría de las madres que conocí ese día. Y contó cómo fue creciendo su confianza en el programa. Cómo con el tiempo la iglesia se convirtió en la única red de apoyo real que ella y su hijo tenían.

Y dijo algo que me quedé pensando durante días:
"Yo tengo que trabajar mucho porque cargo sola con la responsabilidad de mi familia. Ahora sé que la iglesia va a cuidar a mi hija."

Una madre soltera, en un barrio de extrema pobreza, había encontrado en una iglesia local — sostenida por el patrocinio de personas que probablemente nunca va a conocer — algo que el Estado no le había dado y que el mercado no podía venderle.

Una comunidad que la cubría.

Pensé en Kiched inmediatamente. Pensé en la iglesia que lo acompaña en Haití. Pensé en que detrás de nuestra transferencia mensual hay un pastor, hay un padrino local, hay una estructura de cuidado que nosotros nunca vemos pero que está ahí cada semana.

¿Por qué te cuento todo esto?

El próximo domingo 19 de abril recibimos a Samuel Polanco de Compassion International. Samuel viene en persona. Y vamos a tener la oportunidad de apadrinar un niño.

No te estoy invitando a hacer algo que yo veo desde afuera.

Nicole y yo llevamos siete años en esto. He caminado los barrios. He entrado a los hogares. He visto con mis propios ojos lo que pasa cuando una iglesia local es capacitada y sostenida para alcanzar a los niños más vulnerables de su comunidad.

Y lo que puedo decirte — no como programa, sino como experiencia personal — es esto: el patrocinio no es una transacción. Es el brazo largo de una iglesia que llega adonde tú no puedes llegar físicamente.

Jesús le dijo a Pedro: "Alimenta a mis corderos." No le especificó la distancia. No le dijo que solo contaban los corderos que estaban cerca.

Kiched tiene 16 años. Vive en Haití. Y cada mes, a través de Compassion, una iglesia local lo está alimentando — en todos los sentidos de esa palabra — porque alguien respondió esa pregunta en 2018.

Este domingo, uno de esos corderos podría tener tu nombre en su historial.

Te espero.
Pastor Eliud.

La invitación

Si quieres llegar preparado al domingo 19, entra a la app esta semana. Te invito también a ver el siguiente video de Compassion y a llenar el formulario de registro si ya sabes que quieres dar ese paso.

Eliud Morales