EL COSTO QUE NO CALCULÉ

Basado en el mensaje predicado por Egui Castro
Esta semana no puedo dejar de pensar en una imagen sencilla: alguien cargando cajas pesadas hacia una puerta que resultó ser más pequeña de lo que calculó. Cada viaje exige parar. Soltar. Entrar despacio. Pero cuando sale con las manos vacías, esa misma puerta parece enorme.
Jesús usa exactamente esa imagen para describir la entrada al cielo. Y cuando me senté con ese texto esta semana, me di cuenta de algo incómodo.
Jesús usa exactamente esa imagen para describir la entrada al cielo. Y cuando me senté con ese texto esta semana, me di cuenta de algo incómodo.

Hay cosas en mis manos que me han costado soltar. Cosas que sé que no caben por la puerta angosta. Ambiciones que parecen sanas pero que en el fondo compiten con el señorío de Jesús. Versiones de mí mismo que me gustan demasiado y que Jesús me ha pedido que deje afuera.
No te lo digo para hacer el mensaje más dramático. Te lo digo porque si te voy a invitar a calcular el costo, tengo que ser el primero en decir que el cálculo es personal.
El texto de Lucas 14 es perturbador de la mejor manera. Jesús no está hablando a gente que lo rechaza — está hablando a una gran cantidad de gente que caminaba con Él. Y les dice: antes de seguirme, siéntense. Calculen. ¿Tienen lo suficiente para terminar la torre?
Lo que Jesús está haciendo no es cruel. Es lo más honesto que alguien puede hacer contigo. Como cuando un médico te dice la verdad aunque duele, porque la alternativa — no saberla — te mata.
No te lo digo para hacer el mensaje más dramático. Te lo digo porque si te voy a invitar a calcular el costo, tengo que ser el primero en decir que el cálculo es personal.
El texto de Lucas 14 es perturbador de la mejor manera. Jesús no está hablando a gente que lo rechaza — está hablando a una gran cantidad de gente que caminaba con Él. Y les dice: antes de seguirme, siéntense. Calculen. ¿Tienen lo suficiente para terminar la torre?
Lo que Jesús está haciendo no es cruel. Es lo más honesto que alguien puede hacer contigo. Como cuando un médico te dice la verdad aunque duele, porque la alternativa — no saberla — te mata.
¿Qué significa tener las manos vacías?
No significa que seas pobre. No significa que no tengas familia, trabajo o sueños. Significa que nada de eso ocupa el trono que le pertenece a Jesús. Que cuando Él diga suelta esto, lo sueltas. No sin dolor. Pablo lloró. Pero lo soltó.
Y cuando lo soltó, descubrió algo: que la vida con las manos vacías es más liviana de lo que imaginaba.
Yo no sé qué cargas en tus manos esta semana. Pero sí sé algo — porque estoy en el mismo proceso — que algunas cosas que cargamos las llevamos hace tanto tiempo que ya ni sabemos que las traemos. Las hemos normalizado. Se han vuelto parte de nosotros.
Y cuando lo soltó, descubrió algo: que la vida con las manos vacías es más liviana de lo que imaginaba.
Yo no sé qué cargas en tus manos esta semana. Pero sí sé algo — porque estoy en el mismo proceso — que algunas cosas que cargamos las llevamos hace tanto tiempo que ya ni sabemos que las traemos. Las hemos normalizado. Se han vuelto parte de nosotros.

Por eso te propongo algo concreto para estos próximos días:
→ Pregúntate cada mañana: ¿Qué estoy cargando hoy que le está compitiendo a Jesús?
→ Cuando lo identifiques, no lo analices demasiado. Entrégatelo. Literalmente. En voz alta si puedes.
→ Si hay algo que llevas meses cargando y nunca has hablado con nadie, te invito a La Caldera este martes. No te vamos a preguntar qué trajiste. Pero vamos a orar juntos, y algo en ese espacio te hace más fácil soltar.
Jesús no te está pidiendo que seas perfecto. Te está pidiendo que seas honesto.
Que calcules. Que decidas. Y que confíes en que lo que hay al otro lado de esa puerta vale más que lo que dejas afuera.
→ Cuando lo identifiques, no lo analices demasiado. Entrégatelo. Literalmente. En voz alta si puedes.
→ Si hay algo que llevas meses cargando y nunca has hablado con nadie, te invito a La Caldera este martes. No te vamos a preguntar qué trajiste. Pero vamos a orar juntos, y algo en ese espacio te hace más fácil soltar.
Jesús no te está pidiendo que seas perfecto. Te está pidiendo que seas honesto.
Que calcules. Que decidas. Y que confíes en que lo que hay al otro lado de esa puerta vale más que lo que dejas afuera.

La invitación
El domingo que viene vamos a continuar en El Camino Difícil. Pero esta semana es para trabajar con lo que ya tienes en las manos.
No lo pienses como aspiración general. Piénsalo como esta semana, hoy, este momento.
Con las manos más vacías cada día,
Pastor Sammy,
No lo pienses como aspiración general. Piénsalo como esta semana, hoy, este momento.
Con las manos más vacías cada día,
Pastor Sammy,

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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo.
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Posted in El blog del pastor
