TRES PREGUNTAS PARA CONTESTAR
Lo que el arco bíblico nos dice

Basado en el mensaje predicado por Eliud Morales
El domingo terminé el mensaje con tres preguntas. No fue un cierre retórico. Fue una apertura.
Porque la resurrección no es un evento que se celebra y se archiva. Es una realidad que entra al cuarto donde tienes las puertas cerradas y te dice: ahora ve.
Así que esta semana quiero regresar a esas tres preguntas. No para que las respondas de forma teológica. Para que las respondas de forma concreta — con nombre, con lugar, con fecha.
Porque la resurrección no es un evento que se celebra y se archiva. Es una realidad que entra al cuarto donde tienes las puertas cerradas y te dice: ahora ve.
Así que esta semana quiero regresar a esas tres preguntas. No para que las respondas de forma teológica. Para que las respondas de forma concreta — con nombre, con lugar, con fecha.

¿De qué eres testigo?
En el primer siglo, un testigo no era alguien que tenía una opinión bien formada sobre algo. Era alguien que lo había visto. Que podía decir: yo estaba ahí. Yo lo vi con mis propios ojos.
El domingo fuimos testigos de algo. Personas que entraron al agua y salieron declarando que algo nuevo había comenzado en ellos. Una pareja que caminó hacia un altar sabiendo — porque se los dijimos claramente — que no caminaban hacia la comodidad, sino hacia su muerte. Y que la muerte era buena, porque es lo único de donde puede salir algo nuevo.
Pero la pregunta no es sobre lo que viste el domingo pasado.
La pregunta es sobre tu historia. ¿Qué ha hecho Jesús en tu vida que todavía no has declarado públicamente?
No te pido que prepares un testimonio de diez minutos con música de fondo. Te pido que puedas responder esto en una oración: Jesús hizo esto en mí. Lo vi. Puedo decirlo.
Porque hay personas en tu vida que necesitan un testigo, no un argumento.
El domingo fuimos testigos de algo. Personas que entraron al agua y salieron declarando que algo nuevo había comenzado en ellos. Una pareja que caminó hacia un altar sabiendo — porque se los dijimos claramente — que no caminaban hacia la comodidad, sino hacia su muerte. Y que la muerte era buena, porque es lo único de donde puede salir algo nuevo.
Pero la pregunta no es sobre lo que viste el domingo pasado.
La pregunta es sobre tu historia. ¿Qué ha hecho Jesús en tu vida que todavía no has declarado públicamente?
No te pido que prepares un testimonio de diez minutos con música de fondo. Te pido que puedas responder esto en una oración: Jesús hizo esto en mí. Lo vi. Puedo decirlo.
Porque hay personas en tu vida que necesitan un testigo, no un argumento.

¿Quién es tu Jerusalén?
Jesús le dijo a sus discípulos que serían sus testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta los confines de la tierra. Pero noten el orden. Primero Jerusalén. El lugar más cercano. El más difícil. El que conoce tu historia completa.
Tu Jerusalén no es un lugar desconocido. Es la persona que más te conoce y con quien más te cuesta hablar de esto. Tu hermano. Tu compañero de trabajo. Tu vecino. La persona con quien tienes historia — y precisamente por eso sientes que no tienes autoridad moral para decirle nada.
Pero los discípulos que Jesús envió también habían fallado. Pedro había negado tres veces. Todos habían huido. Y Jesús los envió de todas formas — no cuando resolvieron su pasado, sino con su pasado redimido.
No necesitas tener todo resuelto para ser testigo. Solo necesitas poder decir lo que viste.
¿Quién es esa persona esta semana?
Ponle nombre. No tienes que tener un plan elaborado. Di solo lo que viste.
Tu Jerusalén no es un lugar desconocido. Es la persona que más te conoce y con quien más te cuesta hablar de esto. Tu hermano. Tu compañero de trabajo. Tu vecino. La persona con quien tienes historia — y precisamente por eso sientes que no tienes autoridad moral para decirle nada.
Pero los discípulos que Jesús envió también habían fallado. Pedro había negado tres veces. Todos habían huido. Y Jesús los envió de todas formas — no cuando resolvieron su pasado, sino con su pasado redimido.
No necesitas tener todo resuelto para ser testigo. Solo necesitas poder decir lo que viste.
¿Quién es esa persona esta semana?
Ponle nombre. No tienes que tener un plan elaborado. Di solo lo que viste.

¿Qué tiene que morir?
Esta es la más difícil. Y la más importante.
El domingo yo dije algo que no es fácil de escuchar: hay una sola cosa que el altar y la cruz tienen en común. En ambos, algo tiene que morir para que algo nuevo viva.
Lo dije pensando en Nelson y Danilis. Pero lo decía pensando también en cada uno de nosotros.
Porque la vida nueva no se activa sola. No es automática.
Hay algo en cada uno de nosotros que resiste la transformación — que prefiere el cuarto cerrado al envío, que prefiere la comodidad de creer en privado a la incomodidad de ser testigo en público.
El domingo yo dije algo que no es fácil de escuchar: hay una sola cosa que el altar y la cruz tienen en común. En ambos, algo tiene que morir para que algo nuevo viva.
Lo dije pensando en Nelson y Danilis. Pero lo decía pensando también en cada uno de nosotros.
Porque la vida nueva no se activa sola. No es automática.
Hay algo en cada uno de nosotros que resiste la transformación — que prefiere el cuarto cerrado al envío, que prefiere la comodidad de creer en privado a la incomodidad de ser testigo en público.

¿Qué es eso en ti?
No te pido que lo expongas. Te pido que lo nombres delante de Dios esta semana. Con honestidad. Con la misma honestidad con que Nelson dijo desde el altar: no te prometo perfección.
Pero sí te prometo que no me voy a rendir.
La vida nueva no es la ausencia de lucha. Es la decisión de no cerrar la puerta cuando Jesús quiere entrar.
No te pido que lo expongas. Te pido que lo nombres delante de Dios esta semana. Con honestidad. Con la misma honestidad con que Nelson dijo desde el altar: no te prometo perfección.
Pero sí te prometo que no me voy a rendir.
La vida nueva no es la ausencia de lucha. Es la decisión de no cerrar la puerta cuando Jesús quiere entrar.

La invitación
Esta semana en La Caldera — martes 7 PM — vamos a orar juntos desde esta misma pregunta: ¿a qué cuarto cerrado necesita entrar Jesús en tu vida esta semana?
Te espero.
Te espero.

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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo.
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Posted in El blog del pastor
