La Trampa del Pecado: Cuando la Libertad Está a Una Decisión de Distancia

Basado en el mensaje predicado por Eliud Morales

Hay una técnica antigua para atrapar monos que me ha dado mucho en qué pensar.

Los cazadores toman una jarra transparente, la amarran a un árbol, y colocan adentro una baratija brillante — algo que llama la atención del mono. El truco está en el tamaño del agujero: lo suficientemente grande para que el mono meta la mano, pero lo suficientemente pequeño para que no pueda sacarla una vez que agarre la baratija.

¿Y sabes qué es lo más trágico?

El mono nunca está atrapado de verdad. No hay cerradura. No hay cadena. No hay jaula. Lo único que tiene que hacer para ser libre es soltar la baratija.

Pero no la suelta. Prefiere quedarse atrapado antes que soltar lo que brilla.

Mi propia trampa

Cuando me reconcilié con Jesús, venía atado. Adicción al alcohol. Adicción a las drogas. Y por si fuera poco, me había convertido en un mentiroso muy hábil — podía engañar a cualquiera, incluyéndome a mí mismo.

Fueron cinco años de intentarlo en mis propias fuerzas. Cinco años de promesas rotas. Cinco años de "esta vez sí voy a cambiar." Hasta que llegué al punto de decirle a Dios: "Esto del cristianismo no es para mí."

¿Por qué fracasé por tanto tiempo? Porque estaba tratando de hacer algo humanamente imposible.

Los teólogos tienen una palabra para describir nuestra condición después de la caída: concupiscencia. No es simplemente que hacemos cosas malas — es que tenemos una inclinación interior hacia el pecado. Un "doblez" de la voluntad hacia los deseos de la carne.

Por eso no basta con "querer cambiar" o "esforzarse más". El problema no está solo en nuestras acciones — está en nuestra inclinación.

Y por eso necesitamos un milagro.

Legalmente libre y funcionalmente esclavo

En la cruz, Jesús no solo pagó por nuestros pecados — quebró el poder de esa inclinación. Rompió la cadena. Firmó los papeles de libertad con su propia sangre.
Pero aquí está la tragedia de muchos creyentes: son legalmente libres, pero funcionalmente esclavos.

Es como alguien que recibió los papeles de libertad pero nunca salió de la plantación. El documento dice que es libre. La ley reconoce que es libre. Pero todos los días se levanta y sigue trabajando como si todavía tuviera cadenas.

No porque tenga que hacerlo — sino porque no ha creído que es verdaderamente libre.
Eso es exactamente lo que nos pasa. Cristo ya rompió el poder del pecado. Legalmente, somos libres. Pero seguimos aferrados a baratijas brillantes — el placer momentáneo, la aprobación de otros, el control, el resentimiento, el dinero, la relación que sabemos que nos hace daño — y esas baratijas nos mantienen funcionalmente esclavos.

Dos definiciones de libertas

El mundo define libertad como ausencia de restricciones: haz lo que quieras, cuando quieras, con quien quieras.

Pero esa "libertad" siempre termina en esclavitud.

El que dice "soy libre para beber lo que quiera" termina esclavo del alcohol. El que dice "soy libre para ver lo que quiera" termina esclavo de la pornografía. El que dice "soy libre para comprar lo que quiera" termina esclavo de las deudas.

La libertad sin límites siempre produce nuevas cadenas.

Jesús ofrece algo radicalmente diferente. No nos ofrece libertad para pecar sin consecuencias. Nos ofrece libertad del poder del pecado.

El milagro de la salvación no es que podemos pecar sin consecuencias. El milagro es que ya no tenemos que pecar.

La jarra está abierta

Entonces, ¿qué hacemos con esto?

La buena noticia es que el milagro ya ocurrió. El mismo poder que te dio vida eterna está disponible para darte libertad verdadera. Ya no tienes que pecar. Esa cadena ya fue rota.
Solo falta que lo creas y camines en esa libertad.

La jarra está abierta. La mano cabe. Solo tienes que escuchar lo que el Espíritu Santo ha estado haciendo al convencerte de pecado... y soltar.

¿Cuál es tu baratija brillante?

Quizás es un hábito que has normalizado. Quizás es una manera de pensar que te tiene atrapado. Quizás es una relación que sabes que no te conviene. Quizás es un resentimiento que has cargado por años.

Sea lo que sea, no vale la pena quedarte atrapado por ello.
Los papeles de libertad ya son tuyos. Es hora de salir de la plantación.
"El milagro de la salvación no es solo que un día estaremos con Dios, sino que hoy podemos vivir libres del poder del pecado."

Con amor pastoral,
Eliud Morales Pastor, Iglesia Theopolis
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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo. 
 

Eliud Morales