EL COSTO DE LA MISIÓN

Basado en el mensaje predicado por Eliud Morales
Hay una pregunta de diagnóstico que prediqué el domingo y que no me ha soltado desde entonces.
¿Cuándo fue la última vez que una misión no solo te conmovió sino que te costó algo?
Si no recuerdas la respuesta, entonces has estado consumiendo misión. Eso no es un juicio — es un diagnóstico. Y un diagnóstico existe para que puedas hacer algo con él.
¿Cuándo fue la última vez que una misión no solo te conmovió sino que te costó algo?
Si no recuerdas la respuesta, entonces has estado consumiendo misión. Eso no es un juicio — es un diagnóstico. Y un diagnóstico existe para que puedas hacer algo con él.

Pedro volvió a su barca después de ver al Jesús resucitado. Ese detalle me fascina y me inquieta al mismo tiempo. Porque Pedro no era incrédulo. Había visto las heridas. Sabía que Jesús estaba vivo. Y aun así volvió a pescar.
¿Por qué? Porque la resurrección no había resuelto todavía lo que Pedro cargaba. La vergüenza de haber negado tres veces. La memoria de aquella fogata, de aquella muchacha, de aquellas tres respuestas. Y cuando no sabes qué hacer con una herida, haces lo que sabes hacer. Vuelves a tu barca.
Quizás tú también tienes una barca a la que vuelves. Un lugar donde te distraes para no tener que lidiar con lo que pesa. No porque seas un mal discípulo. Porque todavía no has tenido la conversación que Jesús quiere tener contigo.
Y lo extraordinario de Juan 21 es que Jesús no esperó que Pedro volviera. Fue a buscarlo ahí. En la orilla. Al amanecer. Con desayuno preparado.
¿Por qué? Porque la resurrección no había resuelto todavía lo que Pedro cargaba. La vergüenza de haber negado tres veces. La memoria de aquella fogata, de aquella muchacha, de aquellas tres respuestas. Y cuando no sabes qué hacer con una herida, haces lo que sabes hacer. Vuelves a tu barca.
Quizás tú también tienes una barca a la que vuelves. Un lugar donde te distraes para no tener que lidiar con lo que pesa. No porque seas un mal discípulo. Porque todavía no has tenido la conversación que Jesús quiere tener contigo.
Y lo extraordinario de Juan 21 es que Jesús no esperó que Pedro volviera. Fue a buscarlo ahí. En la orilla. Al amanecer. Con desayuno preparado.

Después del desayuno — después de ese silencio incómodo donde nadie se atrevía a preguntar nada — Jesús le hizo la pregunta. Tres veces. Con paciencia. Bajando el nivel en la tercera, encontrándose con Pedro exactamente donde Pedro podía llegar ese día.
¿Me amas? ¿Me amas? ¿Me quieres?
Y cada vez que Pedro respondía, Jesús le daba una encomienda.
Alimenta a mis corderos. Cuida a mis ovejas. Alimenta a mis ovejas.
Noten lo que Jesús no le pidió. No le pidió que organizara un ministerio. No le pidió un sermón conmovedor. No le pidió que construyera un templo en su nombre. Le dio tres verbos sin plataforma — verbos que cualquier persona puede hacer si está dispuesta a estar presente para la vida de alguien específico.
El amor de Jesús no se queda en el sentimiento. Siempre se traduce en encomienda. Siempre le cuesta algo a quien ama.
¿Me amas? ¿Me amas? ¿Me quieres?
Y cada vez que Pedro respondía, Jesús le daba una encomienda.
Alimenta a mis corderos. Cuida a mis ovejas. Alimenta a mis ovejas.
Noten lo que Jesús no le pidió. No le pidió que organizara un ministerio. No le pidió un sermón conmovedor. No le pidió que construyera un templo en su nombre. Le dio tres verbos sin plataforma — verbos que cualquier persona puede hacer si está dispuesta a estar presente para la vida de alguien específico.
El amor de Jesús no se queda en el sentimiento. Siempre se traduce en encomienda. Siempre le cuesta algo a quien ama.

El domingo lo vimos en vivo.
Samuel Polanco compartió su historia — criado en pobreza en República Dominicana, apadrinado por Compassion cuando era niño, hoy director nacional de Compassion. Una persona que decidió invertir en su vida lo cambió todo. Y al fondo del salón había 50 perfiles de niños con nombre, con rostro, con historia.
Al final del servicio, 44 de esos 50 niños tenían padrino.
Eso es lo que pasa cuando la misión deja de ser abstracta y tiene rostro. No convocamos a nadie a simpatizar con una causa. Les pusimos un perfil en las manos. Un nombre. Una foto. Una historia. Y la gente respondió.
Quedan 6. Si quieres conocerlos, escríbenos a iglesiatheopolis@gmail.com
Samuel Polanco compartió su historia — criado en pobreza en República Dominicana, apadrinado por Compassion cuando era niño, hoy director nacional de Compassion. Una persona que decidió invertir en su vida lo cambió todo. Y al fondo del salón había 50 perfiles de niños con nombre, con rostro, con historia.
Al final del servicio, 44 de esos 50 niños tenían padrino.
Eso es lo que pasa cuando la misión deja de ser abstracta y tiene rostro. No convocamos a nadie a simpatizar con una causa. Les pusimos un perfil en las manos. Un nombre. Una foto. Una historia. Y la gente respondió.
Quedan 6. Si quieres conocerlos, escríbenos a iglesiatheopolis@gmail.com

Hay una diferencia entre consumir misión y ser enviado por ella. La diferencia no está en las emociones — está en lo que pasa el lunes.
Consumir misión se ve así: ves el video, los ojos se te aguaron, compartes el post, dices amén, y el lunes tu vida sigue exactamente igual.
Ser enviado por la misión se ve así: ves el mismo video, te arrodillas, te callas, y haces la pregunta que lo cambia todo — ¿a quién me estás enviando? Y cuando el Espíritu Santo te muestra ese nombre, ese rostro, esa historia, respondes con algo concreto. Con tu tiempo. Con tu dinero. Con tu mesa. Con tu presencia sostenida.
La vida nueva que se queda contenida en uno mismo no es vida nueva. Es egoísmo espiritualizado. La vida nueva tiene nombre. Tiene rostro. Tiene dirección.
Consumir misión se ve así: ves el video, los ojos se te aguaron, compartes el post, dices amén, y el lunes tu vida sigue exactamente igual.
Ser enviado por la misión se ve así: ves el mismo video, te arrodillas, te callas, y haces la pregunta que lo cambia todo — ¿a quién me estás enviando? Y cuando el Espíritu Santo te muestra ese nombre, ese rostro, esa historia, respondes con algo concreto. Con tu tiempo. Con tu dinero. Con tu mesa. Con tu presencia sostenida.
La vida nueva que se queda contenida en uno mismo no es vida nueva. Es egoísmo espiritualizado. La vida nueva tiene nombre. Tiene rostro. Tiene dirección.
La invitación
Esta semana te dejo con tres preguntas. No para que las respondas de forma retórica — para que las respondas con nombre, con fecha, con algo concreto.
¿Cuándo fue la última vez que escuchaste hablar de un hambriento, un huérfano, un niño en riesgo — y no hiciste nada?
Si Jesús te preguntara hoy lo que le preguntó a Pedro — ¿me amas? — ¿qué responderías honestamente?
¿A quién te está pidiendo Jesús que alimentes, cuides, pastoreees esta semana? Ponle nombre. No una categoría. Un nombre.
Te espero el domingo.
Eliud
¿Cuándo fue la última vez que escuchaste hablar de un hambriento, un huérfano, un niño en riesgo — y no hiciste nada?
Si Jesús te preguntara hoy lo que le preguntó a Pedro — ¿me amas? — ¿qué responderías honestamente?
¿A quién te está pidiendo Jesús que alimentes, cuides, pastoreees esta semana? Ponle nombre. No una categoría. Un nombre.
Te espero el domingo.
Eliud

¿Quieres profundizar en estas verdades? Hemos creado una guía de oración y reflexión de 7 días para ayudarte a vivir estas cuatro herramientas cada día. Descarga la aplicación Iglesia Theopolis y ve a la pestaña "Conocer" para acceder a estos recursos.
Descargar el app: >>> enlace<<<
Más herramientas: >>> enlace a herramienta <<<
Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo.
Descargar el app: >>> enlace<<<
Más herramientas: >>> enlace a herramienta <<<
Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo.
Posted in El blog del pastor
