DE ROCA A TRAMPA: Y Las Tres Herramientas Para No Quedarnos Ahí

Por Eliud Morales

Cinco minutos.

Eso fue todo lo que le tomó a Pedro pasar del mejor momento de su vida al peor.
En Mateo 16, Jesús le pregunta a sus discípulos: "¿Quién dicen ustedes que soy?" Y Pedro suelta la confesión que cambiaría la historia: "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente."
Jesús lo mira y le dice: "Bendito eres, Simón. Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia."

Imagínate ese momento. Pedro debió sentirse en la cima del mundo. El Maestro le dio el reconocimiento más alto. Era la roca. El fundamento.

Y entonces, apenas unos versículos después, todo se derrumba.

Jesús comienza a explicar que debe ir a Jerusalén, sufrir, morir. Y Pedro — el mismo Pedro que acababa de ser llamado "la roca" — lo toma aparte y comienza a reprenderlo. "¡Dios te libre, Señor! Eso jamás te sucederá."

La respuesta de Jesús es brutal: "¡Aléjate de mí, Satanás! Representas una trampa peligrosa para mí."

Satanás. Trampa peligrosa. La palabra en griego es skandalon — de donde viene "escándalo". En cinco minutos, Pedro pasó de ser la roca del fundamento a ser la trampa del enemigo.

¿Qué pasó?

El diagnóstico de Jesús

Jesús no le dijo a Pedro que estaba pensando en cosas malas. Le dijo algo peor: "Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no desde el punto de vista de Dios."
Ese es exactamente el problema.

Pedro no estaba siendo rebelde. Estaba siendo lógico. Para un judío del primer siglo, el Mesías era un rey guerrero que derrotaría a Roma. Un Mesías que sufre y muere era una contradicción de términos.

Pedro estaba tratando de proteger a Jesús. Sus intenciones eran buenas. Pero su perspectiva estaba moldeada por las expectativas de su cultura, no por el plan de Dios.
Y nosotros hacemos exactamente lo mismo.

Llegamos a Dios con nuestros sueños — y son buenos sueños. Familia restaurada, finanzas estables, salud, propósito. Ninguno de esos deseos es malo en sí mismo. El problema es cuando nuestras expectativas secuestran al Reino. Cuando dejamos de orar "hágase tu voluntad" y empezamos a orar "hágase mi voluntad, pero con tu poder."

Tu frustración con Dios no te descalifica. Tu confusión no es pecado. Pedro estaba confundido y Jesús no lo abandonó. Pero hay una diferencia entre ver las cosas desde el punto de vista humano y verlas desde el punto de vista de Dios.

La pregunta es: ¿cómo hacemos ese cambio?

Las tres herramientas

En Romanos 12:2, Pablo nos da el proceso: "No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo. Más bien, dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta."

Ahí están las tres herramientas:
1. Deshacer — "No imiten las conductas de este mundo"
El mundo tiene un molde. No te pidió permiso para formarte. La cultura, las redes sociales, las expectativas familiares, la publicidad — todo te ha estado moldeando desde que naciste.

El primer paso es desarrollar conciencia. Empezar a notar cuándo una decisión viene del miedo que otros te metieron, no de una convicción propia. Cuándo estás reaccionando al molde del mundo en lugar de responder desde tu identidad en Cristo.

2. Renovar — "Dejen que Dios los transforme al cambiarles la manera de pensar"
Nota que dice "dejen que Dios los transforme". No dice "transfórmense ustedes mismos con más esfuerzo".

Este es un trabajo del Espíritu Santo, no de tu disciplina. Tu parte es exponerte — a la Palabra, a la oración, a la comunidad. La parte de Dios es transformarte.

La raíz que se desarrolla aquí es la estabilidad. Tus reacciones empiezan a cambiar antes que tus circunstancias. El viento sigue soplando, pero ya no te derriba.

3. Discernir — "Aprenderán a conocer la voluntad de Dios"
El resultado de deshacer y renovar es que te conviertes en alguien capaz de discernir. Lo que antes parecía un obstáculo, ahora lo ves como instrumento de Dios para transformarte.

La raíz que crece es la claridad. Puedes decir: "No entiendo todo, pero confío. La voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta — aunque este camino me haga sufrir."
Pedro pasó de roca a trampa en cinco minutos. Pero la historia no termina ahí. Después de la resurrección, Jesús lo restaura. Lo llama de nuevo. Le da otra oportunidad.

Tu confusión no te descalifica. Pero tampoco puedes quedarte ahí.

Las herramientas están disponibles. El Espíritu está obrando. La invitación sigue abierta.
La pregunta es: ¿estás dispuesto a soltar el punto de vista humano?

Te espero el domingo,
#JuntosEsMejor
#PresenciaSobreApariencia
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Recuerda: la transformación genuina no ocurre solamente los domingos. Ocurre en los días entre domingo y domingo. 
 

Eliud Morales